México sigue en el volante

La industria automotriz enfrenta uno de sus mayores desafíos en décadas. Entre aranceles, competencia y electromovilidad, la AMIA sostiene que México conserva las fortalezas para mantenerse como líder manufacturero en Norteamérica.

 

Por Javier Cendejas

La industria automotriz mexicana enfrenta uno de los momentos más complejos de las últimas décadas. A la revisión del T-MEC se suman los nuevos aranceles de Estados Unidos, la llegada de fabricantes asiáticos, la transición hacia la electromovilidad y el avance de la inteligencia artificial. En entrevista con Latitudex, José Rogelio Garza Garza, presidente ejecutivo de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), asegura que, pese al entorno de incertidumbre, México mantiene las fortalezas para seguir siendo una potencia mundial en producción y exportación de vehículos.

 

Asumes la presidencia de la AMIA en un momento marcado por el T-MEC, el nearshoring y la electromovilidad. ¿Qué te motivó a aceptar este reto?

Es un momento muy interesante, pero también muy complejo para la industria automotriz. Conozco bien al sector desde mi etapa como subsecretario de Industria y Comercio en la Secretaría de Economía, donde tuve una relación muy cercana con la AMIA y participé en la negociación que dio origen al T-MEC. Cuando surgió la oportunidad de encabezar la asociación, la asumí con mucho entusiasmo porque se trata de una industria estratégica para México.

Hoy enfrentamos desafíos importantes: la revisión del tratado comercial, los nuevos aranceles que Estados Unidos ha impuesto al sector automotriz, la llegada de nuevas marcas asiáticas y la necesidad de fortalecer nuestra competitividad. Sin embargo, representamos a empresas que generan miles de empleos, realizan inversiones, pagan impuestos y aportan un enorme dinamismo económico. Nuestra responsabilidad es trabajar siempre con una visión de país para mantener el liderazgo de México.

 

México se mantiene entre los principales productores de vehículos del mundo. ¿Qué debe hacer el país para conservar esa posición frente a un escenario internacional cada vez más competitivo?

México es una potencia automotriz. Fabricamos cerca de cuatro millones de vehículos al año y exportamos alrededor de tres millones y medio a distintos mercados del mundo. Esa posición no es casualidad; es resultado de políticas públicas que comenzaron hace más de tres décadas con el primer decreto automotriz y posteriormente con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Lo más importante ahora es conservar esa competitividad. México cuenta con una mano de obra altamente calificada, eficiente y comprometida, además de una ubicación geográfica privilegiada. Debemos seguir fortaleciendo esas ventajas para consolidarnos como un país productor y exportador de clase mundial.

 

La llegada de fabricantes asiáticos está transformando el mercado mexicano. ¿Representan una amenaza o una oportunidad para la industria nacional?

Sin duda están modificando el mercado. Actualmente estas marcas ya concentran alrededor del 15% de las ventas nacionales. Como industria siempre hemos estado abiertos a la competencia, pero debe tratarse de una competencia justa y equilibrada.

El problema es que hoy ninguna marca china fabrica vehículos en México. Importan las unidades terminadas, por lo que el valor agregado que generan para el país es muy limitado. No crean cadenas de suministro locales, no desarrollan proveedores nacionales ni generan el mismo impacto económico que una planta instalada en territorio mexicano.

Por ello consideramos acertada la decisión de la Secretaría de Economía de aplicar aranceles a los vehículos provenientes de países con los que México no tiene tratados de libre comercio. Es una medida que busca equilibrar las condiciones de competencia y evitar distorsiones provocadas por subsidios o políticas industriales que otros países aplican a sus fabricantes. Nosotros siempre competiremos, pero bajo reglas parejas para todos.

 

Los aranceles impuestos por Estados Unidos bajo la Sección 232, afectan directamente a la industria. ¿Cómo está enfrentando la AMIA este escenario?

Hoy es, sin duda, el tema que más preocupa a la industria automotriz mexicana. De los casi cuatro millones de vehículos que producimos al año, alrededor de 3.5 millones se exportan y, de ellos, aproximadamente 2.8 millones tienen como destino Estados Unidos. Cualquier medida que afecte ese mercado tiene un impacto inmediato para las empresas instaladas en México.

El arancel del 25% impuesto por Estados Unidos permite descontar el contenido de origen estadounidense incorporado en los vehículos, pero aun con ese mecanismo sigue siendo una medida muy severa. El impacto económico para las armadoras es enorme y reduce la competitividad de las plantas mexicanas.

Por ello trabajamos de manera permanente con el Gobierno de México para encontrar mecanismos que permitan eliminar o reducir esta medida. La Sección 232 se justifica bajo argumentos de seguridad nacional y seguridad económica, señalando que las exportaciones mexicanas afectan a la industria estadounidense. Nuestra prioridad es recuperar las condiciones de competitividad que hicieron de México uno de los principales centros manufactureros del mundo.

 

Ante esta incertidumbre, ¿la diversificación de mercados se ha convertido en una estrategia para disminuir la dependencia de Estados Unidos?

Definitivamente sí. Diversificar siempre representa una oportunidad para abrir nuevos mercados. Los datos más recientes muestran que, mientras las exportaciones hacia Estados Unidos disminuyeron ligeramente durante el primer semestre, crecieron los envíos hacia Canadá y algunos países europeos, particularmente Alemania.

Eso permitió que, en términos generales, las exportaciones mexicanas mantuvieran un crecimiento cercano al 1.4% respecto al mismo periodo del año anterior. Es una señal positiva porque demuestra que la industria tiene capacidad para responder a otros mercados.

Sin embargo, también debemos ser realistas. No existe un mercado que pueda sustituir el tamaño de Estados Unidos. De los 3.5 millones de vehículos que exporta México, cerca de 2.8 millones se destinan a ese país. Por eso la revisión del T-MEC y la resolución del tema de la Sección 232 siguen siendo fundamentales para el futuro de la industria.

 

La electromovilidad ha cambiado el rumbo de la industria mundial. Sin embargo, Estados Unidos redujo recientemente varios incentivos para la compra de vehículos eléctricos. ¿Cómo impacta esto a la producción instalada en México?

El efecto ha sido directo. Actualmente en México se producen cinco modelos de vehículos de nuevas tecnologías: cuatro completamente eléctricos y un híbrido. Esa oferta seguirá creciendo porque próximamente se anunciará un nuevo proyecto que fortalecerá el portafolio de vehículos eléctricos fabricados en el país.

No obstante, la disminución de incentivos en Estados Unidos desaceleró la demanda de vehículos eléctricos y, naturalmente, eso también influye en los niveles de producción. Nosotros fabricamos lo que el mercado demanda y, si el principal consumidor reduce sus compras, la producción también se ajusta.

A pesar de ello, el mercado mexicano está mostrando un comportamiento muy positivo. Tan solo en junio, las ventas de vehículos eléctricos, híbridos e híbridos conectables crecieron más de 50% respecto al mismo mes del año anterior. Si analizamos el acumulado del primer semestre, el crecimiento ronda el 44%.

Esto confirma que el consumidor mexicano cada vez reconoce más las ventajas de estas tecnologías. Son vehículos más eficientes, con menores emisiones y costos de operación más bajos. La transición hacia la movilidad eléctrica continúa y México seguirá formando parte de ella.

 

¿Consideras que México tiene la capacidad para convertirse en un jugador relevante dentro de la nueva cadena de suministro de vehículos eléctricos?

Sin duda. México cuenta con experiencia manufacturera, proveedores altamente especializados y una cadena de suministro consolidada. Conforme aumente la demanda global de vehículos eléctricos, el país tendrá oportunidades para atraer nuevos proyectos y ampliar su capacidad de producción.

La clave será mantener condiciones de certidumbre, competitividad e inversión para que las armadoras continúen apostando por México como una plataforma estratégica de manufactura para Norteamérica y otros mercados.

 

La industria automotriz ha acelerado sus procesos de automatización y robotización. En este escenario, ¿México sigue formando el talento que demandarán las armadoras durante los próximos años?

Definitivamente sí. Una de las principales fortalezas de México sigue siendo su capital humano. Contamos con una fuerza laboral altamente capacitada y con una gran capacidad para adaptarse a las nuevas tecnologías que demanda la industria.

Las armadoras trabajan de manera permanente con universidades, institutos tecnológicos y centros de investigación para desarrollar programas de formación especializados. Existe una estrecha colaboración entre la academia y la industria para preparar a los profesionistas que requerirá la siguiente generación de manufactura automotriz.

Conforme avancen tecnologías como la electrificación, la digitalización y la inteligencia artificial, también crecerá la demanda de perfiles especializados. México tiene la capacidad para responder a ese reto y seguir formando el talento que las empresas necesitan.

 

Precisamente la inteligencia artificial está revolucionando todos los sectores productivos. ¿Cómo está transformando a la industria automotriz instalada en México?

La inteligencia artificial ya forma parte del presente de la industria. Hoy tiene aplicaciones prácticamente en toda la cadena de valor: desde los procesos de manufactura, la automatización de líneas de producción y la detección preventiva de errores, hasta la calidad, la logística y la eficiencia operativa de las plantas.

Pero quizá donde veremos la mayor transformación será en el propio vehículo. La interacción entre el conductor y el automóvil cambiará radicalmente durante los próximos años. Los sistemas inteligentes de asistencia al manejo, el frenado autónomo, la detección de peatones, la permanencia en carril y muchas otras funciones seguirán evolucionando gracias a la inteligencia artificial.

La experiencia de conducir será completamente distinta. Los vehículos incorporarán cada vez más herramientas capaces de anticiparse a situaciones de riesgo, asistir al conductor y ofrecer una movilidad más segura, eficiente y conectada. Estamos viviendo una transformación tecnológica sin precedentes y México participa activamente en ella.

 

A pesar del entorno internacional, ¿siguen existiendo proyectos para instalar nuevas inversiones automotrices en México?

Sí los hay. Es evidente que la revisión del T-MEC y la aplicación de la Sección 232 han generado un ambiente de mayor cautela entre los inversionistas, pero continúan existiendo proyectos importantes para México.

Incluso en las próximas semanas habrá anuncios relevantes que confirman que el país sigue siendo atractivo para la industria automotriz global. Estoy convencido de que, una vez superada esta etapa de incertidumbre, México mantendrá su posición como uno de los principales destinos de inversión manufacturera del mundo.

 

Desde la perspectiva de la AMIA, ¿cómo evalúan la infraestructura logística y aduanera que sostiene las exportaciones de vehículos?

En términos generales la operación funciona bien y existe una buena coordinación con las autoridades. Naturalmente siempre hay aspectos susceptibles de mejorar, especialmente en materia de infraestructura portuaria, donde todavía existen oportunidades para incrementar la capacidad y hacer más eficientes los procesos.

Lo importante es que existe diálogo permanente con las autoridades y una disposición para seguir fortaleciendo la infraestructura logística que demanda una industria exportadora del tamaño de la automotriz.

 

Finalmente, ¿qué mensaje le enviarías a la comunidad de Latitudex?

México seguirá siendo una potencia automotriz. Tenemos la experiencia, el talento, la infraestructura industrial y una cadena de suministro consolidada que nos permite competir con los principales productores del mundo.

Me gusta explicar el momento que vivimos con una analogía muy sencilla: hoy viajamos en un avión que atraviesa una fuerte zona de turbulencia. Hay movimientos bruscos y momentos de incertidumbre, pero el avión sigue su ruta. Lo importante es mantener la calma, ajustarnos el cinturón y continuar avanzando.

Estoy convencido de que vamos a aterrizar bien. Habrá retos durante el trayecto, pero la industria automotriz mexicana tiene la fortaleza necesaria para superar este periodo y seguir consolidándose como uno de los motores económicos más importantes del país.