¿Puede pensar México en salirse del T-MEC?
La reciente Reforma Judicial en México podría afectar los compromisos del T-MEC, generando incertidumbre para los inversionistas.
Por Reynaldo C. Gómez Leyja, Presidente & CEO en Servicios de Transportación Jaguar
A raíz de la abrumadora y desaseada aprobación de la Reforma Judicial en los pasados días, así como la desaparición de los organismos autónomos, empieza a correr información del impacto y afectaciones a los compromisos en el Tratado de México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) antes de la revisión trilateral que se llevará a cabo en el 2026. Desgraciadamente el escenario hoy para los inversionistas es de incertidumbre y desconfianza, lo cual deriva en que el país deje de ser atractivo para hacer negocios en momentos clave para las oportunidades derivadas del nearshoring. Esto no significa que las empresas y negocios vayan a cerrar de un día para el otro, pero sí que las inversiones ya no lleguen y el riesgo del país se vea incrementado.
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) es un acuerdo comercial firmado en 2020 que reemplazó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Este acuerdo es crucial para la economía mexicana ya que refuerza la relación comercial con Estados Unidos y Canadá, proporciona un marco legal y regulatorio que genera confianza para la inversión extranjera directa en México, contribuye a la creación y mantenimiento de millones de empleos y garantiza el acceso preferencial al mercado de Norteamérica, lo cual proporciona estabilidad económica para el crecimiento sostenible de nuestro país.
Para tener más claro lo que significa el T-MEC para México, de enero a junio del 2024 el mercado de exportaciones mexicanas a Estados Unidos representó el 83% del total de las exportaciones y tuvo un aumento, en este mismo periodo, de 3.2%. Canadá, que es el segundo destino de exportaciones, representó el 3.1% del total, con un incremento importante en este mismo periodo del 9.5%. Y, aunque también tenemos un intercambio comercial con otros países como China y Corea del Sur, las exportaciones durante este mismo periodo fueron sólo de 1.6% y 1.0%. Por otro lado, de acuerdo con datos de AmCham México, en el último trimestre de 2024, más del 97% de la Inversión Extranjera Directa fue la reinversión de utilidades y más del 44% fue de las empresas americanas.
Los datos antes mencionados reflejan perfectamente lo que el T-MEC representa para México y el gran riesgo que se corre con solo pensar en salirse de este tratado comercial, sobre todo en estos momentos ante las recientes expresiones de nuestros socios por la aprobación de la Reforma Judicial y la posibilidad de que se puedan llevar a cabo decisiones que carezcan de imparcialidad, de transparencia, o que no cumplan con el Estado de Derecho.
Si México decidiera salirse del T-MEC tendría consecuencias muy negativas, principalmente en la economía, debido a que podría causar una caída en las industrias claves de México, problemas con el tipo de cambio, inflación y aumento en el desempleo. Se generaría una crisis financiera por la reducción de inversiones y la salida masiva de capitales. Perderíamos los beneficios del libre comercio con Estados Unidos y Canadá, lo que podría resultar en una imposición de aranceles y otras barreras comerciales. En pocas palabras sería como darse un balazo en el pie, aunque más bien sería como darle la estocada final a nuestro país.
Es fundamental que la administración entrante no genere incertidumbre en torno a su permanencia en el T-MEC. Es inadmisible que se ponga en riesgo un instrumento de tan vital importancia para la economía mexicana en un momento complicado con alta inflación y falta de crecimiento. Por el contrario, es el momento exacto para impulsar la economía con buenas decisiones y llegar con la mejor disposición para la negociación de este tratado comercial, el más grande e importante del mundo, en el 2026.
¡Confiemos!
