Nearshoring sin garantía
La promesa del nearshoring se diluye: México enfrenta una competencia feroz y una globalización que no desaparece, solo cambia de forma.
Por Guillermo Malpica Soto, Director Ejecutivo de Alianza In México
Hace apenas unos años parecía que el nearshoring resolvería buena parte de los desafíos económicos de México. Los eventos geopolíticos como el deterioro de la relación comercial entre Estados Unidos y China a partir de 2018, que rápidamente desembocó en una guerra comercial, así como la pandemia y las disrupciones en las cadenas de suministro nos hicieron concluir que nuestro país sería el gran ganador de la relocalización de inversiones. La realidad, sin embargo, ha sido bastante más compleja.
No estamos presenciando el fin de la globalización, sino su transformación. Durante décadas las empresas distribuyeron su producción por todo el mundo con un objetivo de eficiencia operativa muy claro: reducir costos. Hoy las decisiones responden a una lógica distinta. La seguridad económica, la resiliencia de las cadenas de suministro y la confianza entre socios comerciales pesan tanto o más que la eficiencia.
Este cambio explica la popularidad reciente de conceptos como reshoring, friendshoring y nearshoring. También explica por qué América del Norte mantiene una relevancia estratégica para México.
México cuenta con ventajas difíciles de igualar: su vecindad con Estados Unidos, 30 años de relación comercial preferente con el TLCAN y ahora el T-MEC, una plataforma manufacturera consolidada y una amplia red de tratados comerciales. Sin embargo, estas fortalezas, por sí solas, ya no garantizan la llegada de inversiones.
Aunque la inversión extranjera directa ha registrado niveles récord, buena parte de esos recursos corresponde a reinversiones de empresas ya establecidas, lo cual es una señal de confianza, pero no indica un aprovechamiento de las tendencias globales en flujos de inversión. Mientras tanto, países como Vietnam, Malasia e Indonesia han logrado atraer una parte importante de las nuevas inversiones que antes se dirigían a China.
La competencia internacional cambió. Hoy las empresas evalúan la disponibilidad de energía y agua, la calidad de la infraestructura logística y digital, la existencia de talento especializado, la seguridad pública, el Estado de derecho y la capacidad de los gobiernos para facilitar, en lugar de obstaculizar, la inversión.
Paradójicamente, la política comercial proteccionista de Donald Trump abre una nueva ventana de oportunidad para México. La prioridad de fortalecer las cadenas regionales de suministro y reducir la dependencia de Asia puede convertir nuevamente a nuestro país en un socio estratégico. La próxima revisión del T-MEC será una prueba decisiva para consolidar esa integración.
Pero sería un error medir el éxito únicamente por el monto de la inversión que llegue al país.
El verdadero reto consiste en capturar una mayor proporción del valor que generan las cadenas productivas. Las mayores ganancias ya no provienen de la maquila o incluso de la manufactura por sí misma, sino del diseño, la ingeniería, el desarrollo de software, la inteligencia artificial, el análisis de datos, la logística avanzada, la investigación y la propiedad intelectual. Ahí es donde se concentra la competitividad del siglo XXI.
Por ello, México necesita una agenda que vaya mucho más allá de atraer fábricas. Debe fortalecer a sus proveedores nacionales, impulsar la innovación, formar capital humano altamente especializado, desarrollar infraestructura moderna y ofrecer la certeza jurídica que exige cualquier proyecto de largo plazo. En otras palabras, necesita construir un ecosistema capaz de generar conocimiento y no únicamente manufactura.
Durante muchos años la pregunta fue dónde producir. Hoy la pregunta realmente importante es quién captura el valor de esa producción. Si México entiende esa diferencia, el nearshoring dejará de ser una moda para convertirse en una verdadera estrategia de desarrollo. Si no lo hace, habrá dejado pasar una de las mayores oportunidades económicas de las últimas décadas.
