México ante la OMC: Reglas viejas, comercio nuevo
Entre tensiones globales, comercio digital y nuevas reglas en disputa, México redefine su papel dentro de la OMC para no quedarse atrás en el rediseño del sistema comercial internacional.
Por Javier Cendejas y Eduardo Torre
El comercio global está cambiando más rápido que las reglas que lo rigen. En medio de tensiones geopolíticas, avances tecnológicos y una creciente regionalización de las cadenas de suministro, la Organización Mundial del Comercio enfrenta uno de los momentos más complejos desde su creación en 1995. Lo que durante décadas funcionó como el marco que dio estabilidad y previsibilidad al intercambio internacional, hoy se encuentra en un proceso de redefinición.
Durante años, la OMC ha sido el punto de equilibrio entre economías. Sus principios —no discriminación, transparencia y reglas claras— permitieron que el comercio internacional creciera hasta superar los 32 billones de dólares anuales. Más de 160 países operan bajo este sistema, que no solo regula aranceles o subsidios, sino también aspectos clave como propiedad intelectual, servicios y estándares sanitarios. Sin embargo, ese modelo comienza a mostrar signos de desgaste.
El sistema de solución de controversias, uno de los pilares más sólidos del organismo, permanece parcialmente paralizado desde 2019, limitando la capacidad de resolver disputas entre países. Al mismo tiempo, el aumento de medidas proteccionistas —que ya impactan más del 10% del comercio mundial— evidencia que las reglas multilaterales están siendo desafiadas por intereses nacionales cada vez más marcados.
Un sistema que se queda atrás
En paralelo, el comercio mismo ha cambiado de naturaleza. Hoy no se trata únicamente de mercancías cruzando fronteras, sino de datos, plataformas digitales y servicios que operan en tiempo real. Más de 80 países negocian actualmente acuerdos sobre comercio electrónico dentro de la OMC, en un entorno donde los servicios digitales ya representan cerca del 25% del comercio global en este sector. La pregunta no es menor: ¿puede una institución diseñada en los años noventa adaptarse a una economía digital?
El contexto, además, apunta a una desaceleración. Para 2026, el crecimiento del comercio mundial se proyecta entre 1% y 1.7%, muy por debajo de años anteriores, reflejando un entorno más cauteloso. A esto se suma una tendencia clara hacia la regionalización: bloques como América del Norte, Europa y Asia están fortaleciendo sus propias dinámicas comerciales, impulsados por estrategias como el nearshoring y la relocalización de cadenas productivas.
Lejos de debilitar a la OMC, este escenario podría redefinir su papel. Más que desaparecer, el organismo parece transitar hacia una etapa donde coexistirá con acuerdos regionales más dinámicos, funcionando como un árbitro global en temas clave.
De participante a protagonista
Es en este punto donde México entra en escena. Como miembro fundador de la OMC, el país ha construido su modelo económico sobre la apertura comercial y la integración global. En 2024, México superó los 593 mil millones de dólares en exportaciones, consolidándose como una de las economías más abiertas del mundo. Este crecimiento no puede entenderse sin un sistema multilateral que reduzca la incertidumbre y garantice condiciones más equitativas de competencia.
Pero el rol de México ya no puede limitarse a ser un usuario del sistema: el reto es convertirse en un actor que influya en su rediseño. La reciente designación de Víctor Manuel Aguilar Pérez como representante permanente ante la OMC, en marzo de 2026, refuerza esta intención. Con un perfil técnico y experiencia en negociaciones internacionales, su llegada ocurre en un momento donde la discusión ya no es solo sobre comercio, sino sobre el futuro de sus reglas.
Desde Ginebra, la misión mexicana participa en debates que definirán temas estratégicos: desde comercio digital y reglas de origen, hasta estándares sanitarios y subsidios industriales. En este espacio, donde convergen intereses de economías desarrolladas y emergentes, México tiene la oportunidad de posicionarse como un puente entre regiones, aprovechando tanto su cercanía con América del Norte como su presencia en el sistema multilateral.
Hacia adelante, las oportunidades son claras. Se estima que tecnologías como la inteligencia artificial y la digitalización podrían incrementar el comercio global entre 30% y 35% hacia 2040, especialmente en servicios. En este nuevo entorno, participar en la construcción de reglas será tan importante como competir en los mercados.
México no parte de cero. Tiene experiencia, apertura y una posición geográfica estratégica. Pero en un sistema en transformación, eso ya no es suficiente. El verdadero desafío será anticiparse, influir y adaptarse. Porque en el comercio global que viene, no solo importará qué se produce o a dónde se exporta, sino quién participa en la definición de las reglas.
