Lo que un día fue no será
El nearshoring no se perdió sólo por geografía. Mientras Brasil ofreció incentivos y El Salvador garantizó energía confiable para la IA, México enfrentó rezagos en infraestructura eléctrica e incertidumbre que alejaron inversiones como Tesla, BYD y NVIDIA.
Por Enrique López
Durante dos años, el discurso oficial habló de México como el destino preferido de la relocalización industrial, con anuncios de grandes inversiones, y con el privilegio del nearshoring cerca de territorio estadounidense. Pero entre 2023 y 2026, ese guión se reescribió pieza por pieza, Tesla desistió de su fábrica en territorio mexicano, NVIDIA, negó rotundamente su inversión en el norte de México, mudándola a El Salvador y la fábrica de vehículos eléctricos que BYD prometía instalar en el país terminó levantándose en Brasil. La pregunta que casi nadie se hizo en el momento del anuncio original era la más elemental: ¿Qué costos se enfrentarían estos gigantes y de dónde iba a salir la electricidad para encender esas líneas de producción? Y si acaso: ¿México perdió la credibilidad?
El país que es sorpresa es El Salvador, ya que su tarifa promedio es la más cara de las cuatro, y aun así se ha convertido en el primer país de América Latina en recibir los procesadores Blackwell Ultra B300 de NVIDIA. La explicación es que ninguna empresa de cómputo intensivo compra electricidad promedio; compra capacidad dedicada y confiable, y eso es exactamente lo que la geotermia salvadoreña puede garantizar.
La confiabilidad del país
BYD necesitaba manufactura pesada, aluminio, acero, líneas de ensamblaje y miles de trabajadores. Brasil le ofreció 5 mil 500 millones de reales de inversión (unos mil millones de dólares) en las antiguas instalaciones de Ford en Bahía, con capacidad inicial de 150 mil vehículos y algo que México no tenía sobre la mesa, un acuerdo arancelario que le permite exportar sin aranceles hacia otros mercados latinoamericanos, incluido el propio México.
El gobierno chino, además, frenó los permisos para la planta mexicana por temor a que Estados Unidos accediera a tecnología sensible a través de la frontera; el resultado fue que la ruta hacia el mercado mexicano terminó pasando por Sudamérica.
NVIDIA, en cambio, no necesitaba una fábrica, buscaba un lugar con energía limpia sobrante y voluntad política de invertir en infraestructura de cómputo. El Salvador construyó el centro de datos DataTrust (30 millones de dólares, certificación Tier III), y meses después el gobierno, a través de los socios tecnológicos Hydra Host y Supermicro, instaló los primeros chips B300 del continente, apoyándose explícitamente en la infraestructura geotérmica del país para sostener cargas energéticas intensivas.
Sin darse cuenta, El Salvador, se está convirtiendo en el principal bastión de aceleradores de hardware para centros de datos y supercomputadoras.
Mientras Brasil compite por volumen industrial a precio competitivo con blindaje arancelario; El Salvador compite por nicho, ofreciendo energía confiable y limpia para cargas de cómputo, aunque su tarifa general sea la más alta de la región, características diferentes para cada país, pero que cumplían con la necesidad de BYD y NVIDIA.
¿México pasado de moda?
México tiene miles de industrias en todo el país, pero fue un golpe duro que una megaindustria no se estableciera, siendo el caso de Tesla el más recordado.
La planta mexicana, anunciada en marzo de 2023 con la promesa de 4 mil empleos directos, quedó formalmente pausada desde 2024. Elon Musk citó tasas de interés altas y una desaceleración en la demanda de vehículos eléctricos, pero el trasfondo estructural fue la incertidumbre arancelaria del momento. Ninguna automotriz quiere construir una planta binacional cuando las reglas del comercio entre México y Estados Unidos pueden cambiar de un día para otro. La plataforma de próxima generación que se iba a producir en México se reubicó en Austin, Texas. Hoy, más de dos años después del anuncio original, el proyecto sigue sin una sola línea de ensamblaje.
BYD siguió un patrón casi idéntico, aunque con desenlace distinto. En México se tenía un plan en 2023 donde la promesa de 10 mil empleos, quedó en pausa indefinida por decisión del propio gobierno chino, que prefirió no arriesgar tecnología sensible tan cerca de la frontera estadounidense. En cambio, la planta brasileña, se inauguró en octubre de 2025 y ya vendió 100 mil vehículos en su primer año.
Para BYD, fue un resultado positivo en términos comerciales. Ya que se aseguró el acceso arancelario a varios mercados latinoamericanos, incluido México.
La reforma energética de 2013 en México, abrió la generación eléctrica a la inversión privada bajo la promesa de bajar tarifas y modernizar el sistema. Lo que ese diseño no resolvió fue la infraestructura de transmisión: La reforma generó un rezago de una década en la red de transmisión, porque se privilegió el crecimiento de la generación privada sin expandir al mismo ritmo los cables que llevan esa energía hasta las fábricas.
No es que México haya pasado de moda, es que dejó de ser la apuesta más segura frente a un tablero geopolítico que cambiaba de reglas cada pocos meses. La infraestructura eléctrica del país sigue siendo, en costo por kWh, más barata que la de Brasil o El Salvador; lo que falta no es una razón para invertir, sino la certeza de que esa inversión no quedará atrapada en el siguiente giro arancelario.
