Las cajas misteriosas, una venta a ciegas

Se popularizaron como una salida para millones de productos devueltos que saturan almacenes. Sin embargo, el auge del fenómeno también ha generado dudas sobre la autenticidad de estos paquetes.

 

Por Maritza De la Garza

El e-commerce hizo que comprar fuera más fácil que nunca, pero también convirtió las devoluciones en una bomba logística porque cada paquete rechazado terminó regresando a los almacenes, saturando espacios y frenando millones de dólares en mercancía acumulada.

Entonces, lo que para el consumidor era solo un clic en “devolver”, para las empresas empezó a ser un proceso lento y costoso, dado que se tenían que revisar productos, clasificarlos, volver a empacarlos y decidir si podían venderse otra vez.

De esta manera, los centros de distribución comenzaron a llenarse de cajas sin salida rápida, hasta que la solución fue vender el desorden. La lógica era liberar espacio y recuperar parte del dinero perdido lo más rápido posible.

Y es que las devoluciones pueden convertirse en un problema costoso para cualquier empresa, porque mover un producto de regreso implica transporte, almacenamiento, inspección y redistribución. De hecho, empresas logísticas estiman que procesar una devolución puede costar entre 20% y 65% del valor original del producto.

Además, en muchos casos, revisar y reacondicionar un artículo cuesta más que volver a venderlo. Por eso las cajas sorpresa terminaron funcionando como una solución de “escape” para una industria saturada de mercancía acumulada.

De esta manera, muchas empresas, en lugar de procesar artículo por artículo, comenzaron a agrupar devoluciones y venderlas por volumen a liquidadores, revendedores o consumidores que apuestan por encontrar algo valioso dentro.

Algunas plataformas incluso comercializan pallets completos de devoluciones de gigantes como Amazon, Walmart o Target, donde los compradores adquieren lotes enteros sin saber exactamente qué recibirán.

Tras viralizarse la tendencia, surgieron casos de vendedores que compraban productos baratos o bolsas genéricas de plataformas como Mercado Libre para revenderlas como “cajas sorpresa”. El problema es que el contenido no correspondía al valor cobrado.

Esto ha encendido alertas entre consumidores, ya que en muchos casos no existe claridad sobre el origen de los productos ni garantías reales de compra. Al tratarse de ventas informales o reempaquetadas, las devoluciones o reclamaciones prácticamente desaparecen.
Y al final la gran duda es: en este negocio de vender a ciegas, ¿qué tanto es producto real… y qué tanto es puro cuento para inflar el precio?