La gerencia de tráfico ya no alcanza para el futuro
Durante muchos años, el área de tráfico y aduanas (incluyendo a la función objetiva de los Agentes Aduanales), especialmente en México, fue vista dentro de las empresas mexicanas como una función necesaria, pero secundaria.
Por Eduardo Reyes Díaz-Leal, Socio Director en Bufete Internacional
Su trabajo era claro: coordinar embarques, asegurar documentos, tratar con agentes aduanales, cuidar tiempos de despacho, atender auditorías, conservar expedientes y resolver problemas propios de esta operación segmentada de la logística, cuando aparecían.
Era una función importante, sin duda, pero dejaba de ser netamente operativa. El problema es que el mundo que justificaba esa estructura ya no existe.
Hoy el comercio exterior dejó de ser el último tramo de una compraventa internacional. Ya no empieza cuando la mercancía está lista para embarcarse ni cuando el proveedor envía documentos del despacho aduanal. En realidad debe iniciar cuando la empresa decide dónde comprar o a donde vender, qué producir y en dónde; con qué proveedor negociar, bajo qué origen operar, qué régimen aduanero utilizar, etc.
El área que antes se encargaba de despachar mercancías hoy está obligada a participar en la estrategia del negocio en un entorno que presenta pocas luces de a dónde está yendo. Porque una mala decisión de origen puede destruir un beneficio arancelario. Una mala clasificación puede generar contingencias millonarias. Una cadena sin trazabilidad puede debilitar la posición frente a clientes internacionales y una falta de datos puede convertir una operación legítima en una operación difícil de defender.
La logística, en cambio, se convirtió en dirección, se integró a la cadena de suministro, desarrolló indicadores, tecnologías, proveedores 3PL y 4PL (Party Logistics), modelos de planeación y sistemas de eficiencia, automatización e inteligencia artificial se usaron como herramienta vital, especialmente, en los últimos años en donde las cadenas de suministros y las rutas internacionales se han complicado, por no decir colapsado. El comercio exterior, en muchas organizaciones, quedó atrapado en la idea de que su papel era cumplir trámites, aunque el riesgo que administra ya no fuera meramente operativo. Esa contradicción es peligrosa.
El comercio exterior actual está siendo presionado por fuerzas que antes no tenían la misma intensidad. Los aranceles se han convertido nuevamente en instrumentos de política económica, especialmente por la guerra comercial que inició EUA contra China y que se expandió por todo el mundo. La globalización comercial (offshoring) está cambiando por regionalización (nearshoring), o más profundo, al alliance shoring.
La relación comercial con Estados Unidos exige mayor disciplina de origen, trazabilidad, rastreabilidad y cumplimiento. La revisión del T-MEC obligará a muchas empresas a repensar sus cadenas de proveeduría. La política industrial norteamericana está orientando inversiones, proveedores y sectores estratégicos. México, por su parte, busca fortalecer contenido regional (fabricación mixta), sustituir importaciones, desarrollar proveedores locales y atraer inversión vinculada a cadenas de mayor valor.
A esto se suma una transformación todavía más profunda: el mundo del dato.
Las aduanas líderes ya no quieren revisar únicamente documentos. Quieren anticipar riesgos, cruzar información, identificar patrones, verificar coherencia, reconocer trazabilidad y utilizar datos antes, durante y después del despacho. La fiscalización moderna ya no depende solamente de encontrar un papel equivocado. Cada vez dependerá más de detectar inconsistencias entre lo que la empresa compra, paga, transporta, transforma, declara, factura, registra contablemente y entrega al mercado. Eso cambia todo.
La dirección de comercio exterior no debe entenderse como una oficina de cumplimiento. El cumplimiento es indispensable, pero ya no diferencia por sí solo. Cumplir es el mínimo para permanecer en el juego. Lo verdaderamente estratégico es convertir el cumplimiento en confianza, la confianza en continuidad y la continuidad en ventaja competitiva.
Porque el comercio exterior moderno ya no premia únicamente al que compra más barato o al que despacha más rápido. Premia al que entiende mejor el contexto, documenta mejor su realidad, negocia mejor su cadena, anticipa mejor sus riesgos y construye mejor sus datos.
La gerencia de tráfico resolvía el presente. La Dirección de Comercio Exterior debe construir el futuro, porque en el mundo que viene, comercio exterior no será simplemente el área que mueve mercancías, será una de las áreas que decida hacia dónde se mueve la empresa.
