El desafío del sake en México

México es el quinto país con mayor número de restaurantes japoneses y aún así se batalla para popularizar el tan emblemático sake, debido a la falta de disponibilidad y lo complicada que es su importación, ¿cuál es su viaje para llegar al país? 

Por Maritza de la Garza

A pesar de que México es el quinto país con el mayor número de restaurantes japoneses fuera de Japón con 7,120 establecimientos, según datos del Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón, la popularización del sake sigue siendo un reto. 

Aunque Japón es el principal exportador de sake, envía solo un 1% de su producción a América Latina, y México representa más del 90% de esa participación, dejando a Brasil en segundo plano, según Michael Tremblay, de la Asociación de Productores de Sake y Sochu en Japón (JSS).

La creciente presencia gastronómica de Japón en México refleja una demanda en expansión por productos nipones, como el té, salsas, condimentos y otros alimentos tradicionales. 

Sin embargo, el sake, clasificado en la partida arancelaria 2206.00.99, enfrenta varios retos logísticos y regulatorios que dificultan su importación y distribución, limitando su popularización en un mercado con gran potencial de crecimiento.

 

Barreras regulatorias y burocráticas 

Uno de los principales obstáculos para la entrada del sake al mercado mexicano son las complejas regulaciones que rigen la importación de bebidas alcohólicas. 

Los importadores deben cumplir con una serie de requisitos establecidos por instituciones como la Secretaría de Economía, COFEPRIS y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que incluyen permisos especiales, registros sanitarios y etiquetados específicos. 

Este proceso puede resultar costoso y burocrático, sobre todo para productos menos comunes en el país como el sake. Además, el etiquetado debe cumplir con las exigencias de la Norma Oficial Mexicana NOM-142-SSA1-1995, lo que implica traducciones precisas y la inclusión de advertencias sanitarias en español, lo que aumenta los costos y los tiempos de comercialización.

 

Impuestos y tarifas aduaneras

El sake enfrenta impuestos y tarifas de importación, como el IEPS y el IVA, que aumentan su costo final. El IEPS para bebidas alcohólicas puede oscilar entre el 26.5% y el 53% del valor del producto, dependiendo de su graduación alcohólica. 

Esto lo hace menos competitivo frente a bebidas locales como el tequila y el mezcal, que tienen una infraestructura de distribución más estable y, en algunos casos, beneficios fiscales.

 

Infraestructura logística limitada

En México, el transporte y almacenamiento del sake son costosos debido a las estrictas condiciones de temperatura que requiere la bebida, ya que debe mantenerse entre 5°C y 10°C para preservar su sabor y evitar la oxidación. 

Para garantizar estas condiciones se necesitan camiones refrigerados, cuyo costo de transporte varía entre $4,000 y $6,000 pesos por viaje (dependiendo de la distancia y la cantidad de producto). 

El almacenamiento en condiciones controladas incrementa los costos operativos, dado que los espacios refrigerados pueden ser hasta un 30% más caros que los convencionales y esto eleva el costo del sake en un 15% a 25% más que otras bebidas alcohólicas, como el tequila o el mezcal, que no requieren este tipo de almacenamiento.

Además, el sake tiene un sabor único y diferente al de bebidas locales porque se hace con arroz, agua, levadura y koji; y por esta razón se dificulta su aceptación en el país. 

El costo de una botella de sake varía entre 300 y 800 pesos, dependiendo de su calidad, y los costos adicionales de transporte refrigerado y aranceles lo hacen menos competitivo frente a bebidas más accesibles.

Un ejemplo puede ser el Nigori Sake que su precio ronda los $500 pesos por una botella de 720 ml, o también el Dassai 39 Junmai Daiginjo que tiene un precio que ronda hasta los $2,000 pesos por botella.

 

Falta de conocimiento del producto

A pesar del crecimiento de la gastronomía japonesa en México, el sake sigue siendo poco conocido. 

Las costumbres de consumo de alcohol, dominadas por el tequila, el mezcal y la cerveza, generan una barrera cultural, mientras que la falta de educación sobre el producto dificulta su aceptación en el mercado.

Además que, el sake no está diseñado para envejecer como el vino; se recomienda consumirlo dentro de un período de 6 meses a 1 año después de su producción y por esta razón puede ser más complicado garantizar su frescura en puntos de venta, lo que dificulta su distribución y comercialización.