Diésel en movimiento 

 

Cuando el precio del diésel aumenta, los transportistas enfrentan mayores costos operativos, lo que se refleja en tarifas más caras para transportar mercancías, ¿Cómo ha sido su impacto en México?  

 

Por Maritza de la Garza

 

El pulso logístico 

El precio del diésel es, en muchos sentidos, el combustible que mantiene en movimiento a la industria logística. 

De acuerdo con la Secretaría de Comunicación y Transporte, el autotransporte de carga es el mayor consumidor de diésel dentro de todos los modos de transporte en México. El 90.7% del diésel consumido por todo el sector, es utilizado por vehículos de carga, como camiones y tractocamiones que transportan mercancías por carretera.

Y aunque cada vez se buscan alternativas de combustible más sostenibles para el transporte terrestre y marítimo, la mayor parte de los barcos también trabaja con diésel. 

Para los transportistas, llenar un tanque representa una parte significativa de sus costos operativos y cuando el precio del diésel sube, como ha ocurrido en los últimos años, los costos se disparan y con ellos la viabilidad financiera de las opciones de transporte. 

Tan solo en el primer trimestre de 2024, los precios del petróleo aumentaron un 12,9% y el barril alcanzó los 87.10 dólares, el nivel más alto desde noviembre de 2023. 

Actualmente casi la mitad del costo del diésel se va en impuestos, concentrando el IEPS y el IVA, concentran entre el 38 y 40% del precio al consumidor, de acuerdo con El Economista.

 

El costo de un precio fluctuante 

 

Aunque las fluctuaciones en el precio del diésel impactan los costos del transporte marítimo, existe un mecanismo que protege a las empresas de esta volatilidad: el Bunker Adjustment Factor (BAF). 

El BAF es común en el transporte marítimo pero también puede ser aplicable en otros medios de transporte que dependen de combustibles fósiles. Esto asegura que los costos adicionales por un aumento, no afecten sus márgenes de beneficio.

¿Cómo funciona? Se ajusta según las fluctuaciones en los precios del combustible: sube si el combustible aumenta, y baja o se elimina si los precios caen y este recargo se añade al costo del transporte, impactando en el precio final para quien lo pide. 

Por ejemplo, si una empresa mexicana decide exportar frutas hacia Estados Unidos utilizando un contenedor de 40 pies en un buque portacontenedores, en condiciones normales, el costo del flete marítimo sería de 2 mil dólares desde Puerto Manzanillo hasta Los Ángeles. 

Suponiendo que el precio del diésel sube de 1 dólar a $1.50 dólares por litro, el costo adicional para un buque portacontenedores que consume 100 toneladas de diésel por viaje (aproximadamente 100,000 litros) es de $50 mil dólares. 

Por lo que un aumento del 50% en el precio del diésel puede resultar en un incremento de hasta un 15% en las tarifas de flete, y su precio sería de 2 mil 200 o 2 mil 300 dólares. 

La volatilidad de su precio, de acuerdo con Rodrigo Martinazioli, cofundador de Blue5PL, algunas de las posibles causas en su aumento en los últimos años, se deben a la guerra en Ucrania, la extracción de petróleo, las temporalidades así como los mercados futuros y la oferta-demanda. 

¿Y a mí cómo me afecta? 

El impacto del aumento de las tarifas de transporte no solo se limita a los costos de envío. Los gastos adicionales que enfrentan las empresas logísticas afectan rápidamente en la cadena de suministro. 

Y esto no solo incrementa el costo de los bienes para los consumidores, sino que también afecta la competitividad de las exportaciones mexicanas en los mercados internacionales.

Grupo Bimbo es una empresa mexicana que se ha visto afectada por los altos precios del diésel ya que sus camiones de distribución utilizan una gran cantidad para llegar de un lugar a otro. 

A partir de 2022, cuando el diésel aumentó en más de 90% en el primer semestre de tal año, la empresa tuvo que elevar el precio de sus productos como el pan de caja y botanas para mantener sus márgenes de ganancia. 

La volatilidad en el precio del diesel es un efecto cascada que afecta a todos los actores de la cadena de suministro; desde los transportistas hasta los exportadores y en última instancia a los consumidores, resaltando la necesidad de una estrategia para mitigar el impacto.