Del nearshoring al forcedshoring: la hora del sur-sureste
El nearshoring terminó: llegó el forcedshoring. El mundo se regionalizó y el sur-sureste de México tiene una ventana de oportunidad para sustituir importaciones y agregar valor.
Por Alfredo Nolasco Meza, CEO y Socio Fundador en Spyral Consulting
Durante años discutimos el nearshoring como si fuera una elección. Ya no lo es. La pandemia, las reglas de origen del T-MEC, la guerra comercial y un Estados Unidos que usa el comercio como instrumento de presión política nos trajeron algo distinto: el forcedshoring. Ya no se trata de dónde queremos producir, sino de dónde sí se puede llegar al mercado.
El dato que pocos vimos es que el mundo ya se había regionalizado. En 2024, Europa concentró el 67% de su comercio en su propia región y en Asia, el 59%; Norteamérica, apenas el 42%; y América Latina, el 13%. Traducción: los bloques maduros comercian entre sí, y a Norteamérica —sobre todo a México y Canadá— le queda muchísimo espacio para crecer hacia adentro. Ahí está la oportunidad.
De fondo hay una disputa por la hegemonía. China juega con su Iniciativa de la Franja y la Ruta, el control del 70% al 90% de las reservas de tierras raras y la ambición de proveer el 60% de los insumos del mundo. Estados Unidos responde con aranceles, el Proyecto VAULT y una doctrina “Donroe” de seguridad económica hemisférica. México está literalmente en medio —y tal vez, del lado correcto del mapa.
Pero entrar a ese mercado tiene una condición. Para venderle a Estados Unidos necesitamos técnicos e ingenieros; para venderle a China, no necesariamente, ya que solo compran materias primas. La diferencia define qué inversión nos conviene atraer: la que transfiere tecnología, fortalece las cadenas y desarrolla a la gente. No todo aliado suma igual, y por eso México exporta valor agregado: casi el doble que toda Latinoamérica combinada, incluido Brasil.
¿Dónde se puede volver concreto? En el sur-sureste del país. Estados Unidos importó 534.9 mil millones de dólares de México y arrastra déficits enormes en mariscos, miel, café, muebles, dispositivos médicos y más. El sur-sureste ya produce buena parte de esa materia prima —camarón y pulpo de Campeche, cacao de Tabasco, café de altura de Chiapas, miel maya de Yucatán—, pero exporta el grano, no el producto terminado. La oportunidad no está en producir más, sino en agregar valor aquí: tostar, filetear, certificar, envasar y ponerle marca. Si bien el sur-sureste no aspira hoy a convertirse en un polo manufacturero mayor, sí tiene el potencial de aportar mayor valor agregado a los insumos tradicionalmente primarios. No descartemos tampoco el potencial de la innovación y el desarrollo del joven talento de la región.
Las señales son mixtas, pero no malas: tipo de cambio estable, inflación controlada (en junio, incluso menor que la reportada en Estados Unidos), cifras récord en la atracción de IED, construcción industrial al alza y un Plan México que apuesta por algunos incentivos interesantes. Conviene leerlas con cabeza fría y un plan por horizontes: escalar ya lo competitivo (camarón, café, miel, confección), madurar a mediano plazo el procesamiento y los dispositivos médicos, y construir a largo plazo la electrónica de ensamble y los componentes para la energía renovable.
Reducir nuestras importaciones en solo un 10% abre un enorme nicho para los proveedores nacionales. Eso es sustitución de importaciones bien entendida: negocio antes que consigna.
El reto es de logística y comercio exterior, no de discurso: convivir con aranceles del 10% al 15%, diversificar mercados (hoy el 84% va a Estados Unidos), destrabar infraestructura, energía y agua, y apoyar de verdad a las PyMES. Los flujos de inversión que no alcancen a llegar a Estados Unidos buscarán cercanía y afinidad; los corredores logísticos —el Corredor (Industrial) Transístmico recalibrado o una mayor vinculación con las cadenas de valor de Mesoamérica—, entre ellos, capturarán esa inversión o la dejarán ir. Y es integración, no competencia: Centroamérica es socio, no rival —el sur-sureste como bisagra que ensambla y exporta, y Mesoamérica aportando talento y componentes.
El forcedshoring no es una amenaza: es un empujón hacia donde de todos modos teníamos que ir. La pregunta que nos hacemos en Spyral ya no es si habrá turbulencia, sino con qué estrategia —y con qué aliados— la atravesaremos. El sur-sureste tiene la materia prima, la geografía y, por primera vez en mucho tiempo, la ventana abierta para dar el salto hacia el futuro.
Falta decidir bien. Y decidir ya.
