De ceremonia a tendencia global

La demanda mundial de matcha deja a Japón con las manos vacías, pues, actualmente, más de la mitad de su producción se destina a la exportación lo que ha provocado una escasez histórica.

Por Maritza de la Garza

La fuerte demanda del matcha, impulsada por la popularidad en redes sociales, lo ha llevado al punto de quedarse en escasez incluso en su país de origen.

De acuerdo con el Ministerio de Finanzas de Japón, el país exportó más de 36 mil millones de yenes de té verde el año pasado, cuatro veces más que hace una década. De ello, casi la mitad tuvo destino a Estados Unidos.

Muchos agricultores recomiendan reservar el matcha premium para su consumo tradicional, pues el que se exporta con frecuencia termina mezclado con leche, azúcar o saborizantes para lattes, postres y suplementos.

Según NIQ, una firma de investigación de mercado, las ventas minoristas de matcha en el país vecino han aumentado 86% con respecto a hace tres años.

Entre el auge turístico pospandémico, las olas de calor que afectaron las cosechas y la falta de agricultores, Japón se enfrenta a una crisis de suministro que limita la disponibilidad local y además eleva los precios del té verde.

Desde el siglo XII, el matcha ha sido un símbolo de calma y contemplación, usado principalmente en ceremonias de té altamente ritualizadas y hoy Tik Tok lo ha transformado en un emblema de energía, bienestar y estilo de vida saludable.

Expertos advierten que la fiebre del matcha podría perder su esencia. Por lo que el ‘oro verde’ japonés enfrenta un dilema, mantener su alma o seguir el ritmo de la demanda global.

Una producción artesanal

La elaboración artesanal del matcha comienza con las hojas de té verde llamadas tencha, cultivadas a la sombra durante semanas para desarrollar su característico sabor umami. Una vez cosechadas, las hojas se secan y se muelen lentamente con molinos de piedra.

El tema es que solo para obtener 40 gramos de matcha, se requiere alrededor de una hora de molienda, y las plantas pueden tardar hasta cinco años en dar su primera cosecha.