Cuando el juguete cruza la aduana

Los nuevos aranceles a productos sin tratado, la presión logística y el nearshoring reconfiguran el negocio del juguete en México y reducen la histórica ventaja de China.

 

Por Javier Cendejas y Eduardo Torre

Durante más de una década, el mercado mexicano del juguete giró en torno a un eje claro: China. Volumen, precio y capacidad productiva convirtieron al país asiático en el principal proveedor del sector, abasteciendo anaqueles, temporadas pico y lanzamientos masivos. Pero 2026 marca un punto de inflexión. La entrada en vigor de nuevos aranceles para productos provenientes de países sin tratado de libre comercio está alterando la ecuación de costos y obligando a importadores, distribuidores y retailers a replantear sus decisiones de origen.

 

China y el mercado mexicano

Durante los últimos cinco años, China se consolidó como el principal proveedor de juguetes para México. Entre 2020 y 2024, las importaciones mexicanas de juguetes superaron los 17 mil millones de dólares acumulados, con China aportando más de la mitad del valor total. Tan solo en 2024, México importó aproximadamente tres mil 700 millones de dólares en juguetes, de los cuales mil 900 millones tuvieron origen chino, lo que representa cerca del 54% del mercado nacional de juguetes.

Los juguetes más importados desde China se clasifican dentro del Capítulo 95 de la TIGIE (9503.00.11). Destacan cinco categorías: juegos de construcción (bloques y sets armables), utilizados como productos ancla en retail; peluches y juguetes rellenos, de bajo costo unitario y alta estacionalidad; rompecabezas y juegos de mesa, con márgenes atractivos; juguetes con mecanismos simples o motores eléctricos, que combinan plástico y electrónica básica; y, en el segmento de mayor valor, consolas y máquinas de videojuegos, donde el impacto fiscal es especialmente sensible.

 

Importar desde China vs. países con TLC

La reforma arancelaria que entró en vigor el 1 de enero de 2026 modificó de forma directa la estructura de costos del sector. Para juguetes originarios de países sin tratado de libre comercio, como China, el Impuesto General de Importación (IGI) puede alcanzar hasta 30%, dependiendo de la fracción arancelaria específica.

En contraste, el mismo producto fabricado en Estados Unidos o Canadá puede ingresar a México con arancel cero bajo el T-MEC, siempre que cumpla con las reglas de origen, neutralizando buena parte de la diferencia de costos de manufactura.

En el caso de los peluches, tradicionalmente asociados a producción china por precio, el nuevo arancel reduce de manera significativa esa ventaja. Un peluche importado desde China, una vez incorporado el arancel y los costos logísticos, puede igualar o incluso superar el precio final de uno producido en Norteamérica, donde los tiempos de entrega son más cortos y los costos más estables.

 

China vs. países con tratado

El impacto se amplifica al sumar logística. Un juguete importado desde China enfrenta no solo el arancel, sino también mayores costos de flete marítimo, tránsitos prolongados y una mayor probabilidad de revisiones aduaneras. En productos de bajo valor unitario, el arancel puede representar hasta un tercio del costo total puesto en México.

En productos de mayor valor, como juguetes electrónicos o consolas, la diferencia es más evidente. Un artículo importado desde China puede terminar costando entre 15 y 25% más que su equivalente proveniente de un país con tratado, únicamente por el efecto combinado de arancel y logística. Esto ha comenzado a modificar las decisiones de compra de importadores y cadenas comerciales, que ahora evalúan origen y tratado antes que precio FOB (Free On Board).

A este ajuste fiscal se suma la volatilidad logística. Entre 2021 y 2024, los fletes marítimos desde Asia hacia América del Norte llegaron a multiplicarse por cuatro en periodos de congestión. Aunque en 2025 mostraron cierta normalización, siguen siendo más inestables que las rutas regionales.

Para los importadores de juguetes, esto se traduce en mayor capital de trabajo, plazos de entrega de hasta 60 días y mayor exposición en temporadas pico. En contraste, importar desde países con tratado, especialmente en Norteamérica, permite ciclos logísticos de siete a 15 días, con costos más predecibles y menor riesgo de retraso.

Como resultado, se vuelve cada vez más frecuente escuchar en el sector una idea clave: en el nuevo entorno arancelario, el costo logístico dejó de ser operativo y se convirtió en estratégico: el origen hoy define el precio final del juguete.

 

Oportunidad para la producción nacional

México cuenta con capacidades industriales relevantes en plásticos, moldes, ensamble y empaques, sectores históricamente desplazados por la competencia asiática. Con un producto importado más caro, fabricar localmente vuelve a ser competitivo, especialmente en líneas de alta rotación y bajo margen unitario, donde la velocidad y el costo pesan más que el precio de origen.
Este entorno también impulsa esquemas de nearshoring del juguete dentro de México. Fabricar localmente permite reducir tiempos de lanzamiento, personalizar productos por temporada y evitar la acumulación de inventarios importados con alto costo financiero.

Además, el consumo de juguetes en México supera los 3 mil 500 millones de dólares anuales, una demanda suficiente para detonar economías de escala en producción nacional. Para las PyMES, los nuevos aranceles funcionan como un amortiguador frente a la competencia asiática y para grandes cadenas comerciales, se convierten en un incentivo para crear proveedores locales.