Logística de la donación de órganos: una carrera contra el tiempo
Desde el momento en que se certifica la muerte de un donante hasta que un órgano llega al quirófano, existe una cadena logística en la que hospitales, médicos, transporte y tecnología deben coordinarse contra un enemigo implacable: el tiempo.
Por Giovanna Rojas
En México, cuando una persona pierde la vida y sus órganos van a ser donados, comienza una operación logística de alta precisión. Detrás de cada trasplante existe una cadena que involucra hospitales, coordinadores de donación, equipos quirúrgicos, laboratorios, autoridades, transporte terrestre o aéreo y un quirófano que debe estar preparado para recibir el órgano.
La dimensión del reto se explica por la demanda. De acuerdo con el Centro Nacional de Trasplantes (CENATRA), al cierre de noviembre de 2025, en México un total de 18 mil 912 personas se encontraban en lista de espera de un órgano. Sin embargo, de acuerdo a la Secretaría de Salud, durante el 2025 se realizaron en nuestro país solamente 6 mil 522 trasplantes.
Para complicar más la situación, un órgano humano no puede almacenarse indefinidamente, esperar a que haya disponibilidad de transporte ni permanecer detenido en un punto de la cadena.
Cuando la muerte no significa el fin
La primera precisión es médica y jurídica. En México, la legislación reconoce como criterios para determinar la pérdida de la vida: el paro cardíaco irreversible y la muerte encefálica. En el primer escenario, aunque tras un paro cardíaco se pueden donar algunos tejidos, como córneas, piel, huesos y tendones, la donación de órganos vitales sólo es posible bajo estrictos protocolos hospitalarios de asistolia o muerte circulatoria controlada, donde la extracción debe ser inmediata.
En el caso de la muerte encefálica, aunque las funciones cerebrales hayan cesado, el corazón continúa latiendo, manteniendo con vida a los demás órganos, lo que es fundamental para la donación. En el hospital, también puede mantenerse a la persona con muerte cerebral conectada a soporte vital, con el fin de mantener la oxigenación y circulación necesarias para los demás órganos.
Del donante al receptor
Una vez obtenida la autorización correspondiente por parte de la familia y el equipo médico determinó la viabilidad de los órganos, comienza la procuración.
Los equipos quirúrgicos extraen los órganos bajo condiciones controladas y los colocan inmediatamente en soluciones especializadas de preservación. Desde ese instante, el tiempo se convierte en una variable logística crítica.
La diferencia respecto a cualquier cadena logística convencional es evidente. Un cargamento puede permanecer temporalmente en un almacén; un órgano no.
Órganos que cruzan fronteras
Para poder realizar un transplante de un órgano procedente de otro país, es necesario que se cumplan estrictos plazos de tiempo, normativas legales, controles médicos de compatibilidad y una coordinación logística internacional muy precisa.
Cada país cuenta con leyes estrictas para evitar el tráfico ilegal o el turismo de trasplantes, priorizando siempre las listas de espera nacionales antes de ceder o recibir un órgano del extranjero, además existen organizaciones que facilitan el intercambio de órganos cuando no hay receptores compatibles a nivel local.
…Y el órgano llega a su destino
El hospital receptor debe estar preparado antes de que el órgano llegue. La asignación del órgano activa una cadena coordinada: el equipo responsable de la procuración debe conocer el destino; el transporte debe organizarse; el hospital receptor debe preparar al paciente y disponer del equipo médico y quirúrgico necesario.
Cuando el contenedor llega al hospital, realmente no existe una etapa de almacenamiento prolongado. El órgano se entrega bajo protocolos establecidos y el equipo de trasplante verifica las condiciones para proceder casi de inmediato con la intervención, por lo que la última milla termina en el quirófano.
