Oscar Del Cueto: Construir confianza en tiempos de incertidumbre
En un entorno marcado por tensiones políticas y oportunidades históricas como el nearshoring, Oscar del Cueto apuesta por los datos, la colaboración público-privada y la infraestructura estratégica como los pilares que sostienen y proyectan la relación económica entre México y Estados Unidos.
Por staff Latitudex
En medio de un contexto global complejo, donde la geopolítica redefine cadenas de suministro y el nearshoring acelera decisiones de inversión, la relación entre México y Estados Unidos se mantiene como uno de los ejes más relevantes para el desarrollo económico de la región. Más allá del ruido político, los números cuentan otra historia.
En entrevista con Latitudex, Oscar del Cueto, presidente de la American Chamber México (AMCHAM), ofrece una lectura clara y técnica sobre el estado actual de la relación bilateral, los retos logísticos, las oportunidades del nearshoring y el papel que debe jugar la iniciativa privada en la toma de decisiones estratégicas del país.
¿Cuál es el estado real de la relación económica entre estados unidos y méxico?
Yo empezaría por algo muy claro: los números hablan por sí solos. Si dejamos de lado el ruido político y nos enfocamos en los datos, la relación está bien, está funcionando.
Hoy México es el socio comercial número uno de Estados Unidos en términos de intercambio comercial. Hemos desplazado incluso a economías como China y Canadá en algunos sectores, lo cual no es menor. Además, la inversión extranjera directa proveniente de Estados Unidos ha mostrado incrementos relevantes; el año pasado creció de manera significativa, lo que refleja confianza.
Por supuesto que hay tensiones, hay temas arancelarios y sectores más sensibles que otros, pero en términos generales, las inversiones siguen llegando y las cadenas productivas siguen operando. Eso nos habla de una relación sólida.
Además, es importante destacar que existen canales de diálogo activos entre ambos gobiernos. Esas conversaciones son fundamentales para mantener la certeza jurídica que representa el T-MEC y permitir que las inversiones sigan fluyendo.
En ese sentido, el factor político siempre influye. ¿Cómo debería evolucionar la relación entre el sector público y el privado para fortalecer este vínculo bilateral?
Siempre he creído en la construcción de puentes. La iniciativa privada, especialmente las empresas con inversión estadounidense en México, somos aliados naturales del gobierno.
Tenemos información, datos, entendemos las necesidades del mercado y conocemos de primera mano los retos que enfrentan las empresas. Por eso, más que vernos como actores externos, deberíamos ser considerados un canal técnico y propositivo.
Si la comunicación entre gobierno e iniciativa privada fluye, como lo ha estado haciendo, podemos avanzar mucho más rápido. El siguiente paso es trabajar de manera conjunta en la solución de los llamados “irritantes” de la relación: aquellos temas que frenan o complican el desarrollo.
Un ejemplo claro es el nearshoring. Para aprovechar esta oportunidad se requiere coordinación: el gobierno aporta condiciones e infraestructura, y la iniciativa privada aporta dinamismo, inversión y ejecución.
Justamente sobre nearshoring, hay opiniones encontradas: algunos dicen que México está listo para capitalizarlo, otros no tanto. ¿Cuál es tu lectura?
El nearshoring no es algo nuevo, ya lo estamos viviendo desde hace varios años. Lo que hemos visto es una creciente demanda de espacios industriales: parques, naves, bodegas. Hay regiones donde el mercado está prácticamente saturado.
Zonas como Saltillo, San Luis Potosí o el Bajío han crecido de forma importante. Sin embargo, el reto no es solo atraer inversión, sino ofrecer las condiciones necesarias para que esa inversión se concrete.
Hablamos de energía, agua, gas, infraestructura. Si queremos fortalecer a Norteamérica como bloque, debemos identificar qué cadenas de suministro aún dependen de otras regiones —como Asia o Europa— y desarrollarlas aquí.
Estamos en una buena posición, sí, pero necesitamos redoblar esfuerzos en infraestructura y planeación.
Desde tu experiencia en logística, ¿cuáles son los principales retos que enfrenta México en este sector?
Hay varias áreas de oportunidad, pero destacaría la tecnología. Podemos tener grandes inversiones en infraestructura física, pero si no contamos con sistemas que agilicen los procesos, perdemos eficiencia.
Te pongo un ejemplo: en la frontera de Nuevo Laredo se realizó una inversión importante en un nuevo puente con capacidad para duplicar el volumen de carga. Pero si no tenemos intercambio eficiente de información entre autoridades, certificaciones homologadas o inspecciones conjuntas, el flujo sigue siendo lento.
Necesitamos avanzar en digitalización, interoperabilidad de sistemas, certificaciones como OEA o C-TPAT, y procesos más ágiles en aduanas. La tecnología es clave para destrabar el comercio.
En términos de sostenibilidad, ¿qué papel juegan los distintos modos de transporte?
El ferrocarril es, sin duda, la columna vertebral del transporte de carga en México. Es mucho más eficiente en términos ambientales: puede ser hasta 75% menos contaminante que el transporte por carretera.
Sin embargo, necesitamos complementar con soluciones para la última milla, donde el camión sigue siendo indispensable. La clave está en migrar hacia energías más limpias en ambos casos.
Hoy ya estamos explorando tecnologías como locomotoras impulsadas por hidrógeno. También necesitamos carreteras más eficientes, procesos más ágiles en casetas y una mejor conectividad entre puertos, fronteras y centros logísticos.
La sostenibilidad no es opcional, es una condición para el futuro de la logística.
¿Qué tan determinante es la logística para atraer inversión?
Es fundamental. Los inversionistas no solo preguntan por mano de obra o incentivos, también quieren saber cómo van a mover su producto.
Buscan conectividad: acceso a ferrocarriles, carreteras, puertos. Quieren opciones. Mientras más alternativas logísticas tenga una región, más atractiva se vuelve.
Por eso, cuando hablamos de atracción de inversión, debemos pensar integralmente: energía, talento, infraestructura y logística.
¿Qué necesita México para consolidarse como hub logístico global?
Inversiones estratégicas en infraestructura. Aeropuertos, puertos, ferrocarriles, autopistas. Pero también planeación: identificar dónde están las oportunidades y dónde existe capacidad de crecimiento.
Hay regiones con talento disponible, acceso a energía y potencial logístico que aún no se han desarrollado al máximo. Ahí es donde debemos enfocar los esfuerzos.
En la frontera, ¿cuál sería el primer paso para mejorar la eficiencia?
Hablar el mismo idioma en términos operativos. La seguridad es prioritaria, pero podemos hacer procesos más eficientes.
Necesitamos sistemas que permitan prevalidar información antes de que la carga llegue a la frontera. Certificaciones confiables, intercambio de datos, uso de inteligencia artificial y digitalización de procesos.
En talento y tecnología, ¿estamos listos para lo que viene?
Hay una gran oportunidad. El crecimiento de sectores como data centers y computación en la nube abre nuevas posibilidades, pero también exige infraestructura energética robusta.
La inteligencia artificial será un factor clave, pero para aprovecharla necesitamos inversión en energía, en terrenos y en capacidad tecnológica.
Si pudieras hacer una recomendación puntual, ¿cuál sería?
Más que una recomendación, un ofrecimiento: que se vea a la AMCHAM como un aliado técnico. Tenemos información, datos y conocimiento que pueden ayudar a tomar mejores decisiones.
Finalmente, en un entorno tan cambiante, ¿qué mensaje le das a tus socios?
Enfocarse en lo que pueden controlar. El ruido político siempre va a existir, pero las empresas deben centrarse en su operación, en sus inversiones y en aplicar mejores prácticas.
Nosotros no somos una cámara política, somos una cámara técnica. Y ahí está nuestra fortaleza.
