Voltear al sur, ampliando la frontera empresarial de México

En un mundo que se reordena, América Latina y el Caribe también existe: una región de recursos estratégicos, talento y mercados en expansión donde la presencia empresarial de México puede profundizarse con inversión, alianzas y liderazgo. En ese horizonte, nuestro país tiene condiciones para articular una agenda regional en pilares decisivos como energía, alimentación y salud.

 

Por Eduardo Sosa Cuevas, Embajador de México en Bolivia

El mundo se está reordenando. El retorno de las estrategias arancelarias como instrumento de poder, la relocalización de cadenas productivas y las lecciones de la pandemia no son episodios aislados: son síntomas de una reconfiguración estructural del orden comercial internacional y lección de que ninguna región puede depender exclusivamente de proveedores distantes o cadenas logísticas vulnerables.

En el siglo XXI la integración regional ya no puede entenderse solo como una aspiración política: debe verse también como una condición de adaptabilidad económica, seguridad humana y competitividad productiva. En ese nuevo mapa, las empresas mexicanas tienen frente a sí una pregunta que ya no pueden diferir: ¿hacia dónde diversificamos?… la respuesta está al Sur.

América Latina y el Caribe no son una suma dispersa de mercados nacionales: es un continuo espacio estratégico donde confluyen recursos naturales, capacidades empresariales, talento académico, proximidad cultural y demanda creciente de soluciones concretas. Para México, esa realidad representa algo más que agenda exterior: una frontera natural de expansión productiva, inversión y liderazgo regional.

En 2024, América Latina recibió 188 mil 962 millones de dólares en inversión extranjera directa, un incremento de 7.1% respecto del año anterior, según la CEPAL. México fue el segundo receptor regional con 45 mil 337 millones. En ese panorama nuestra Nación se erige como jugador de élite ya que no solo recibe inversión, sino que es un actor primordial que se proyecta estratégicamente hacia el sur. Grupo Bimbo, América Móvil, FEMSA, Cemex, Orbia, Gruma, Protexa, Teletec, entre otras empresas han demostrado que la internacionalización regional es posible cuando se combinan visión de largo plazo, conocimiento del mercado y capacidad operativa. Ese activo debe potenciarse con mayor decisión.

De acuerdo con el Banco Mundial en 2024 América Latina representó una economía de más de siete billones de dólares; la región ofrece una ambivalencia difícil de ignorar: concentra recursos estratégicos como minerales críticos, hidrocarburos, agua, biodiversidad y potencial renovable, pero presenta amplias brechas en infraestructura, energía, logística e industrialización. Entre la abundancia material y el desarrollo efectivo se abre el espacio donde México puede hacer aportaciones concretas.

En tiempos de crisis e incertidumbre geopolítica, México tiene las condiciones para ejercer liderazgo en al menos tres pilares que permitan iniciar el camino hacia la autosuficiencia regional: energía, alimentación y salud. América Latina concentra litio, cobre, gas y potencial renovable —Bolivia, Argentina y Chile reúnen más del 70% de las reservas mundiales de litio—, pero la riqueza en el subsuelo no garantiza seguridad energética sin infraestructura, tecnología y servicios industriales especializados.

En lo agroalimentario, la región tiene capacidad sobresaliente, pero enfrenta brechas críticas en productividad, riego, cadenas de frío y logística: exactamente donde el empresariado mexicano tiene soluciones concretas. Y en salud, la pandemia demostró que ningún país puede depender de cadenas globales largas y frágiles; el sector farmacéutico de México con su industria y una red académica encabezada por la UNAM y el Tecnológico de Monterrey es capaz de liderar una agenda regional de producción de medicamentos, dispositivos médicos y logística sanitaria.

La invitación al empresariado es directa: pasar de la oportunidad general a la agenda concreta —misiones sectoriales, inteligencia de mercados, alianzas con cámaras locales, proyectos de infraestructura, esquemas de financiamiento, cooperación académica y acompañamiento diplomático.

Ya lo escribió Mario Benedetti: “El sur también existe”.