Aranceles y T-MEC: desafíos para la inversión en México

La incertidumbre en México hacia 2026 es palpable. Los aranceles al acero, aluminio y cobre, junto con un 25% a productos que no cumplen con reglas de origen, afectan la inversión en el país.

 

Por Ricardo Sandoval, Director de Relaciones Institucionales en Grupo Industrial Saltillo

La relación entre México y Estados Unidos siempre ha sido compleja y, en ocasiones, volátil. El año 2026 se perfila como un periodo crucial en esta dinámica, ya que se revisará el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Sin embargo, la incertidumbre se ha incrementado debido a los aranceles que Estados Unidos ha impuesto bajo la Sección 232, especialmente sobre el acero, el aluminio y el cobre, así como en el sector automotriz de camiones pesados. Además, se añade la preocupación por un 25% de aranceles a productos que no cumplen con las reglas de origen.

Desde que se implementaron estos gravámenes, muchas empresas han comenzado a reevaluar sus planes de inversión en México. El acero, el aluminio y el cobre son componentes fundamentales en diversas industrias, y cualquier aumento en los costos de producción puede repercutir en el precio final de los productos. Estos aranceles no solo afectan a las empresas que operan en estos sectores, sino que tienen un efecto dominó en toda la economía nacional. Las empresas automotrices, que dependen en gran medida de estos materiales, están sintiendo la presión de una cadena de suministro menos predecible.

Por otro lado, Estados Unidos busca asegurar el respeto a las inversiones y la certidumbre jurídica en el sector energético, aspectos críticos para atraer y mantener inversiones. Existe una fuerte necesidad de elevar los porcentajes de contenido de valor regional, lo que podría beneficiar a la manufactura mexicana, pero también plantea desafíos en términos de adaptación y cumplimiento para muchas empresas. Además, el gobierno estadounidense está procurando mecanismos que aseguren que los beneficios del tratado no se extiendan a empresas chinas que operan en México, lo que añade otra capa de complejidad a la relación comercial.

La actitud del gobierno estadounidense hacia México, especialmente en lo que respecta a comercio y economía, ha sido ambivalente en los últimos años. La inestabilidad generada por la política comercial de EE. UU. crea un entorno de incertidumbre que puede desincentivar a los inversores que buscan un clima más predecible. Esto resulta en que los posibles proyectos de inversión queden en suspenso, afectando tanto el crecimiento económico como la creación de empleo en el país. En este contexto, los aranceles actúan como una certeza negativa que puede hacer que algunos inversores reconsideren invertir en nuestro país.

Desde la trinchera empresarial, la volatilidad actual no solo frena decisiones de expansión, también altera contratos de largo plazo, financiamientos y esquemas de planeación. Cada anuncio arancelario obliga a rehacer proyecciones, ajustar rutas logísticas y replantear tiempos operativos en toda la cadena.

A medida que se acerca la revisión del T-MEC, es imperativo que México trabaje en conjunto con sus socios comerciales para encontrar respuestas viables y atractivas a las preocupaciones de inversión. Propuestas concretas que promuevan la certeza en la economía serán esenciales para enfrentar los retos que los aranceles presentan. En este sentido, se deben buscar alianzas estratégicas que fortalezcan la posición de México en el mercado global.

Al final, es fundamental reconocer que la incertidumbre puede ser superada con medidas proactivas y una clara dirección política. Invitar a la cooperación y crear un ambiente de diálogo con nuestro vecino del norte no solo beneficiará a México, sino que será crucial para restablecer la confianza de los inversionistas, asegurando así el crecimiento y la prosperidad que nuestro país necesita en este crucial período de revisión del T-MEC.