Oportunidades para la cooperación logística entre España y México

España y México comparten una característica similar, una gran ventaja en el comercio global: Nuestros países tienen una posición privilegiada en el mapa. Ambos países funcionan como puentes continentales: España entre Europa, África y América; México entre América del Norte y Sudamérica. Ambos tienen la oportunidad de convertirse en plataformas logísticas de clase mundial en sus respectivas regiones.

 

Por Vicente J. Mas Taladriz, Cónsul General de España en Monterrey

Las tensiones en el comercio internacional, agudizadas especialmente en 2025, han provocado que las cadenas de suministro se vean obligadas a adaptarse y ser más flexibles. Para que el comercio internacional prospere y genere prosperidad entre economías abiertas ha de contar con reglas claras y respetadas por todas las partes que estén a salvo de los vaivenes en la política comercial de algunos Estados y que eviten sobre todo la incertidumbre.

España y México comparten una situación privilegiada en el mapa, y son partes de las dos zonas de comercio más potentes del mundo: La UE y el T-MEC.

España con una posición geoestratégica privilegiada, constituye un hub logístico internacional, ubicado en el paso de las principales rutas de transporte de mercancías gracias a su potente red de infraestructuras aéreas (44 aeropuertos), terrestres (17 mil 300 kms de autovías, la más extensa de Europa), ferroviarias y marítimas 46 puertos). España es parte del mayor Mercado Único del mundo, los 27 Estados de la UE. No es de extrañar que el sector logístico de España viva un momento de auge. Con una contribución al PIB de entre el 8,5 y 10%, es uno de los motores económicos de España. Este sector está compuesto principalmente por transporte de mercancías (50%), almacenamiento (33%) y actividades postales (17%). El sector emplea a más de un millón de personas y este número seguirá aumentando ya que el sector crece a un ritmo del 18% anual, en contraste con una caída del 11% en el promedio europeo.

España ha descubierto cómo convertir su posición geográfica en una ventaja competitiva sostenible. La experiencia española ofrece lecciones valiosas que se pueden trasladar a México. De estar en la periferia de Europa, alejado del norte más industrial, Madrid ha consolidado su liderazgo como eje logístico del sur de Europa, absorbiendo el 60% de los flujos internacionales de mercancías que entran a España y el 33% de las españolas. El aeropuerto de Madrid-Barajas, es ya el cuarto hub de carga aérea de Europa.

Barcelona, por su parte, se ha posicionado como la principal puerta de entrada al Mediterráneo, con su puerto ocupando el cuarto lugar en contenedores de dicho mar. Barcelona aprovecha además su condición de puente estratégico hacia el norte de África y Oriente Próximo con conexiones intermodales que integran transporte marítimo desde América, ferroviario y aéreo.

El éxito español no ha sido casual. Fueron varios los factores que se combinaron para llegar a la situación actual: Inversiones público-privadas en infraestructura de última generación (1.400 millones de euros en 2024) digitalización avanzada y una apuesta decidida por la sostenibilidad y fuentes de energía renovable.

Empresas como DHL y Amazon aprovechan la posición estratégica del país para servir simultáneamente a Europa, África y América. Actualmente hay 279 parques logísticos, con una superficie superior a los 80.5 millones de m². España así se ha consolidado como uno de los principales nodos logísticos del mundo, gracias a la combinación de factores geográficos, tecnológicos y de inversión que la colocan en una posición privilegiada. No en vano el Logistics Performance Index del Banco Mundial, una herramienta interactiva de benchmarking sitúa a España en el puesto 13 a nivel global, empatado con Japón.

México, por su parte, se beneficia de su posición geográfica con el nearshoring, del que Nuevo León ha sido el principal Estado beneficiario, y su posición privilegiada entre dos océanos. Con todo, México ocupa el puesto 66 (de 139 países) en el LPI. El margen de mejora es muy amplio. Por eso, la colaboración entre España y México podría generar beneficios mutuos significativos. Para una empresa española, México no es solo un mercado final: es una plataforma de crecimiento para operar en todo el continente. Lo mismo debería funcionar al otro lado del “charco”: España es la puerta natural de entrada de productos mexicanos a Europa y África.