El sur-sureste de México, reconfigurando las cadenas de valor

La industrialización mexicana ha evolucionado en ciclos regionales. Hoy, el sur-sureste emerge como la nueva frontera estratégica ante la reconfiguración global de las cadenas de suministro.

 

Por José Luis Valencia, Director General en COMCE Veracruz

La industrialización moderna de México se consolidó a mediados del siglo XX con la estrategia de sustitución de importaciones y la instalación de infraestructura ferroviaria y carretera que conectó a la Ciudad de México con el norte del país. En las décadas posteriores, la apertura comercial de los años 80 y la firma del TLCAN en 1994 reconfiguraron el mapa productivo nacional: los polos industriales comenzaron a concentrarse en el Centro, Bajío y Norte, donde la cercanía con Estados Unidos, la infraestructura y la formación técnica vinculada al sector automotriz y manufacturero generaron corredores industriales altamente competitivos.

El TLCAN amplificó este proceso. La integración de cadenas de valor automotrices, electrónicas y de autopartes se volvió posible gracias a la reducción de aranceles y la homologación de reglas de origen. La frontera norte se fortaleció como plataforma exportadora y el Bajío emergió como el gran polo automotriz. Los costos logísticos se mantuvieron bajos debido a la continuidad carretera y la intermodalidad terrestre hacia Estados Unidos, lo que garantizó tiempos de entrega eficientes para esquemas just-in-time y just-in-sequence.

México, por su posición geoeconómica y su integración con el mercado estadounidense, se encuentra entre los mayores beneficiarios de estas tendencias. Pero el norte y el bajío enfrentan hoy saturación de parques industriales de cerca del 95%, de acuerdo con especialistas inmobiliarios; costos crecientes de suelo y mano de obra; y alta rotación laboral, lo cual podría limitar su capacidad para absorber nuevas inversiones. Este escenario abre una ventana estratégica para el sur-sureste, región históricamente marginada de los grandes flujos industriales, pero con recursos naturales, posición logística estratégica, población joven y proyectos de infrastructura que la posicionan como el nuevo núcleo de expansión productiva.

En el marco del Plan México impulsado por la Presidenta Claudia Sheinbaum, el sur-sureste se plantea como región prioritaria para impulsar un desarrollo industrial equilibrado y sostenible. Su importancia radica en:

  • Recursos naturales: concentra una de las mayores reservas, lo que la convierte en un territorio estratégico para el desarrollo industrial de mediano y largo plazo. Con 44% del agua renovable nacional, extensas zonas agrícolas y forestales productivas; posee 65% de la producción nacional de petróleo y gas, así como un alto potencial en energías renovables.
  • Geografía y conectividad: acceso simultáneo al Golfo de México y al Caribe, proximidad marítima a la costa este de Estados Unidos y plataforma interconectada con Centroamérica. Las restricciones de navegación en el Canal de Panamá redujeron el tránsito de buques hasta en 40% en 2024.
  • Infraestructura estratégica en consolidación: el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT) articula puertos, ferrocarril y polos industriales. Las líneas FA, K y Z permiten integración multimodal hacia el Pacífico, Golfo y la red ferroviaria nacional. A ello se suman los recintos fiscalizados estratégicos que facilitan procesos aduanales y distribución de mercancías.
  • Ventaja demográfica y formativa: el sur-sureste concentra una de las poblaciones más jóvenes del país (44–48% entre 18 y 35 años), con universidades, centros tecnológicos y polos de investigación en energías, agroindustria y logística que pueden fortalecer capital humano especializado.
  • Potencial logístico interno: Tabasco, Yucatán y Quintana Roo se perfilan como nodos de distribución regional que pueden abastecer no solo a México, sino también al Caribe y la costa sur de Estados Unidos.

El sur-sureste es el reto presente para convertirse en la nueva frontera del desarrollo industrial mexicano. No omito reconocer que es una zona con áreas de oportunidad y riesgos, ante lo cual, desde el sector privado debemos promover estratégicamente y con una visión clara, la inversión en infraestructura de comunicaciones e industrial. 

Apostar por el sur-sureste es apostar por un México más competitivo, integrado y equilibrado.