T-MEC 2026: Renegociación que marcará el rumbo
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, entra a su primera revisión sexenal en 2026 y se determinará si el acuerdo sigue hasta 2036, si se ajusta o si se abre la puerta a rondas de negociación más profundas.
Por Enrique López
En septiembre de 2025, Estados Unidos activó consultas públicas mediante la Oficina del Representante Comercial (USTR), mientras que México lanzó un proceso similar para recabar posturas de empresas y especialistas, y Canadá, comenzó a coordinar su agenda tras la visita del primer ministro a México el 18 de septiembre.
Según The Wall Street Journal, la administración estadounidense busca cumplir con la ley de implementación de 2020, que exige abrir este procedimiento antes del 4 de octubre de 2025. El plan contempla comentarios de empresas y sindicatos, una audiencia pública y un informe al Congreso a inicios de 2026, previo a la revisión trilateral formal hacia el 1 de julio de 2026.
Tensiones comerciales
La revisión arranca en un ambiente cargado de tensiones. Durante 2025, Estados Unidos impuso aranceles de hasta 25% a autopartes y alrededor de 10% a vehículos terminados provenientes de México y Canadá. Y a pesar de que se suspendieron algunos gravámenes por presión de fabricantes y sindicatos, la incertidumbre ya afectaba la planeación de inversiones y la logística de autopartes en toda la región.
Para México y Canadá, la industria automotriz es un pilar muy importante: Los cambios en reglas de origen o en el contenido regional repercuten de inmediato en flujos de inversión y empleo. La reacción de ambos países ha sido buscar exenciones, advertir represalias y acelerar la coordinación bilateral para enfrentar a Estados Unidos en la mesa de negociación.
Defensa México-canadiense
En México, más del 30% de la inversión extranjera directa está vinculada con la manufactura automotriz y de autopartes; cualquier cambio en reglas de origen puede modificar drásticamente decisiones de localización y el nivel de empleo en estados clave como Nuevo León o Coahuila. En Canadá, la estrategia pasa por resaltar la transición hacia vehículos eléctricos y el papel de su industria de baterías en la seguridad energética de Norteamérica.
Será necesario preparar argumentos sólidos en materia ambiental y laboral. Estados Unidos ya ha utilizado el Mecanismo de Respuesta Rápida para revisar plantas en México, y puede que intenten ampliar su alcance. Reforzar el cumplimiento en libertad sindical, negociación colectiva y condiciones laborales reducirá riesgos de sanciones. En paralelo, la presión por incorporar metas de descarbonización a las cadenas de suministro obliga a ambos países a presentar avances claros en trazabilidad de emisiones, eficiencia energética y adopción de energías limpias.
En otros ramos de interés del T-MEC, se mantiene el cuestionamiento a la política energética mexicana y busca mayor trazabilidad en emisiones. En el terreno digital y de comercio electrónico se anticipan debates sobre flujos de datos, propiedad intelectual y umbrales. Finalmente, en el sector agropecuario resurgen sensibilidades en productos lácteos y de temporada.
México y Canadá no solo buscarán frenar aranceles, también necesitarán construir un frente común para evitar que la revisión de 2026 se convierta en un proceso unilateral dictado por Estados Unidos. Un eje comercial de México-Canadá podría equilibrar la presión estadounidense y, al mismo tiempo, enviar una señal de certidumbre a inversionistas internacionales sobre el futuro de la región.
