La logística que marca el ritmo
Detrás de cada concierto en México, hay una compleja y elaborada coordinación de vuelos, tráileres y aduanas, las cuales deben sincronizarse para que el espectáculo sea perfecto.
Por Maritza de la Garza
México se ha convertido en el segundo país con más conciertos a nivel mundial. Su ubicación, la infraestructura técnica y años de experiencia lo han vuelto una parada clave para las giras internacionales.
Aun así, mover todo un concierto no es tan sencillo; hay aeropuertos con capacidad limitada, rutas logísticas muy específicas y tiempos ajustados que obligan a que todo esté perfectamente coordinado.
Como señala Enrique ‘Kike’ Carmona, Director de Producción de Apodaca Group, “la logística es el factor que determina si un evento puede realizarse o no”.
Solo en 2024, Apodaca Group organizó más de 300 conciertos, entre ellos el Festival Pal’ Norte, -uno de los más grandes y emblemáticos de Latinoamérica- y para este año esperan superar los 400 eventos. La demanda está creciendo, pero el reto es que toda esa maquinaria se mueva sin errores, día tras día, ciudad tras ciudad.
Del escenario a la aduana
La ruta que sigue un artista en una gira no siempre depende de cuántos fans hay en cada ciudad, sino de qué tan fácil o difícil puede ser mover todo el equipo de un lugar a otro.
Aquí surgen preguntas como: ¿qué aeropuertos pueden recibir aviones de carga grandes? ¿dónde es más rápido pasar aduanas? o hasta ¿qué país pone más trabas en la frontera?. Y aunque suene lógico pensar que un tráiler puede cruzar directo de Los Ángeles a México por Tijuana, muchas veces esa no es la mejor opción.
Las rutas que realmente funcionan suelen ser más largas, pero mucho más estables. En giras así, donde todo va contra el reloj, lo más seguro siempre gana.
México gana más terreno
Con el paso del tiempo, México ha fortalecido su infraestructura y red de proveedores, incorporando equipos de alta calidad como pantallas, sonido e iluminación que antes solo se podían traer desde el extranjero. Hoy, los artistas encuentran aquí todo lo que necesitan para montar un show de primer nivel, sin la necesidad de mover grandes volúmenes desde otros países.
Detrás del concierto: cada minuto cuenta
En logística, el recurso más valioso no es el dinero, es el tiempo porque cada decisión gira en torno a él. Una inspección mal coordinada o tráileres atorados, se resumen en horas extra de trayecto.
Mucho antes de que el artista llegue el país, se calculan horarios óptimos, rutas seguras y ventanas de revisión. Si se enviará por aire o tierra, y a veces hasta cuál tráiler puede ser detenido sin afectar la operación.
Lady Gaga en Costa Rica
Cuando Lady Gaga se presentó en Costa Rica, la logística fue todo un reto. Carmona comenta que viajó con cuatro aviones 737, pero el aeropuerto solo podía recibir uno a la vez. Así que tenían que aterrizar, luego cargarse y despegar. Uno tras otro mientras los demás esperaban estacionados en Panamá.
Después, para ganar tiempo la aduana tuvo que mover a su personal al Estadio Nacional. Y ahí fue donde se tuvo que paletizar todo: luces, estructuras, equipos. Cada tráiler llegaba al estadio, se descargaba y el material iba directo al avión, listo para despegar.
Según Carmona, empezaron a cargar alrededor de las dos de la mañana y el último avión salió cerca de las diez. Todo en un lapso de 8 horas.
Paul McCartney en México
Cuando Paul McCartney vino a México, no llegó con poquitas cosas y se movió con tres aviones 787 cargados hasta el tope: escenario, luces, pantallas, instrumentos, consolas… todo lo necesario para montar un show de ese tamaño.
‘Kike’ afirma, a eso se le sumaron 39 tráileres que viajaron en caravana, perfectamente coordinados, recorriendo kilómetros por carretera para mantener la gira en movimiento. Pero lo más impresionante no es todo lo que se transportó, sino cómo se logró mover.
En Monterrey, por ejemplo, el aeropuerto solo puede recibir dos aviones de ese tamaño al mismo tiempo. El tercero tiene que esperar en el aire hasta que haya espacio. Eso obliga a planear cada aterrizaje, descarga y traslado al segundo. Porque si algo se atrasa, el efecto dominó puede tirar todo el plan.
