Logística migratoria: De vuelta al remitente
Desde 2017, Donald Trump endureció la política migratoria de EE. UU. con fronteras más estrictas, más deportaciones y menos beneficios para migrantes, impactando tanto al país como a sus naciones de origen.
Por Enrique López
La nueva administración de Trump estableció reformas clave en la política migratoria, como la implementación de la política de «tolerancia cero», el aumento de redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la cancelación de programas de protección como DACA. Estas medidas resultaron en un aumento significativo de deportaciones, lo que ha generado efectos directos en sectores críticos para el comercio, como el transporte de mercancías, la manufactura y la agricultura.
Las deportaciones masivas han afectado la disponibilidad de mano de obra en áreas esenciales para la cadena de suministro, incrementando los costos logísticos y generando disrupciones en el comercio internacional. América Latina, al ser una de las principales regiones emisoras de migrantes, también enfrenta consecuencias económicas y comerciales derivadas de esta política.
La logística migratoria involucra la gestión de flujos migratorios, los procesos de detención, traslado y deportación, así como la capacidad de los países receptores para absorber a los migrantes retornados. Desde el 20 de enero de 2025, con el inicio del nuevo mandato de Donald Trump, las deportaciones masivas han desbordado la capacidad de aeropuertos y centros de acogida. Según CNN México, el país ha recibido 13,400 deportados; CNN en Español reporta que Guatemala ha registrado 3,297 deportados, y Swissinfo informa que Honduras cuenta con más de 8,000 deportados, un 1.6% más que en 2024. Esta situación ha generado cuellos de botella en la asistencia humanitaria y en la reinserción laboral de los deportados.
Consecuencias de las deportaciones
Uno de los sectores más afectados es el transporte de carga. La industria de camiones en EE. UU., que depende en gran medida de trabajadores migrantes, enfrenta una escasez de conductores. Según la American Trucking Associations (ATA), en 2023 se estimó una falta de más de 80,000 camioneros en EE. UU., cifra que podría aumentar con mayores restricciones migratorias. Esta escasez impacta directamente en la eficiencia del comercio transfronterizo con México y América Central, generando retrasos en entregas y costos más altos para exportadores e importadores.
Honduras, uno de los países más dependientes de las remesas (27.3% del PIB), ha visto cómo la reducción en estos ingresos afecta el consumo y la inversión en infraestructura logística. Guatemala y El Salvador, donde las remesas representan el 19.5% y 24.3% del PIB, respectivamente, también sufren los efectos de la disminución de inversiones en comercio y transporte.
México, como principal socio comercial de EE. UU. en la región, enfrenta un reto significativo. La reducción en la fuerza laboral migrante impacta la capacidad de producción de maquiladoras y manufacturas exportadoras, lo que puede desacelerar la actividad comercial en sectores clave como la industria automotriz y electrónica.
En Nicaragua, donde las remesas representan el 29.7% del PIB, y en República Dominicana, con un 8.3%, las deportaciones afectan directamente la liquidez de los consumidores, lo que a su vez repercute en la demanda de productos importados y en el comercio internacional.
Logística estadounidense en crisis
Mientras América Latina enfrenta desafíos económicos, EE. UU. también sufre repercusiones en su infraestructura logística. La escasez de trabajadores en puertos, almacenes y transporte ha reducido la eficiencia del comercio exterior, incrementando los costos operativos y provocando retrasos en las cadenas de suministro.
Según la Oficina de Estadísticas Laborales de EE. UU., en 2023 el sector del transporte y la logística experimentó una reducción del 6% en trabajadores de origen migrante, afectando la disponibilidad de empleados en centros de distribución, almacenes y operaciones de carga y descarga. Esta disminución ha generado retrasos en la cadena de suministro y costos más elevados para las empresas. En el sector agrícola, la menor presencia de trabajadores migrantes provocó una caída del 9% en la producción de frutas y hortalizas, impactando la exportación de bienes perecederos y elevando los precios en los mercados internacionales.
Con una población envejecida y una natalidad en descenso, EE. UU. depende de la migración para sostener su economía y el Seguro Social. Sin embargo, las restricciones y deportaciones agravan la escasez de mano de obra en sectores clave, elevando costos y reduciendo competitividad. Mientras Latinoamérica enfrenta el impacto económico de las deportaciones, EE. UU. lidia con una crisis demográfica silenciosa que amenaza su crecimiento.
Las deportaciones masivas implementadas por la administración Trump y continuadas en años recientes tienen efectos a largo plazo tanto para EE. UU. como para los países latinoamericanos. Los países de origen deben reabsorber a sus ciudadanos, mientras EE. UU. arriesga una crisis laboral y demográfica. Es crucial considerar estrategias migratorias que equilibren la seguridad nacional con la realidad económica y social de ambos lados de la frontera.
